El perfume de tu piel me llena. Tanto que me aterroriza respirar cualquier otro, podria desmoronarse algo adentro de mi ser. El sabor de tu alma me envenena, me congela. Cualquier movimiento que no debería ser y todo se rompe.Y estalactitas de puro cristal azul se mezclan a mi alrededor. Eternas figuras inimaginadas danzan sin mañana sobre una pasarela hacia el Sur. Quisiera detenerlas, pero se derriten con mis heladas manos. Mañosos espirales coloridos me traspasan. Me hacen cosquillas en los pies delicadas pinceladas de esperanzas sin razón. Me interno en la pureza de tus pupilas, y me pierdo. En toda esa confusión, me encuentro con el castillo de los espejos: donde todo es rosa, si uno lo desea. También encuentro árboles, que me hablan: me cuentan historias de antaño que me hacen sentir pequeña. Al dormirme, me acunan en sus brazos. Y cantan. Cantan sin dolor sobre el viento. Me despierto, y puedo respirar a pesar de estar en las profundidades marítimas. Al salir de ahí, la sensación de flote no me abandona. Me siento compañera de viajes del suave viento; y llego a un prado. Partículas de cálido sol brillan en el aire, llueven enormes cantidades de ellas. Y los largos pastos se mecen con pasión, y me acarician hasta hacerme soñar de nuevo, por lo tanto volver a la realidad. Esa realidad de las que no hieren. Y siento el calor a través de mis mejillas. Y mis ojos arden de intensidad, de ansias por desubrir; y por supuesto de visualizarte nuevamente. Pero mis párpados orgullosos les hacen creer que todavía duermo.
Porque al verte creen todas las imposibilidades impuestas.
increible.
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