Y con tu piel dibujás, desdibujás mi aliento. Entre tus pies enredás mi tenura y desvanecés mis oídos con tus dedos. Así, tan fácil como te guardo entre mis pestañas y duermo dentro de tu ombligo, tan difícil va a desdoblarse mi cintura en el olvido.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Ire Iron

Imaginen a una pequeña niña, parada sobre un banquito de hierro.
Un banquito que esta deformado, pero la mantiene en pie.
Un día, ella se cruza de brazos y deja que los demás le reconstruyan el banquito.
Una vez reconstruido, ella se pone feliz. Pero un día se aburre de estar parada allí.
Y decide hacer revoluciones, y destrozar ese banquito, y todo alrededor.
Que estúpida. Dejó todo en pedazos
Lloró por unos días, hasta que descubrió que podía rearmar el banquito.
Aunque ya no podía ser de hierro. Tuvo que comenzar a armarlo con pequeños palos de madrera.
Ahora imaginemos que llevaba armada una parte, pero derepente ya no se le ocurren de que forma ponerlos.
Entonces vuelve a tener la estúpida idea de que alguien le va a ayudar, a darle una idea.
Nada en absoluto.
Y luego, alguien comenzó a utilizar los palitos que ella estaba usando, para tejer su propia red.
Ahí es cuando realmente se da cuenta de que nadie va a hacer nada por ella ni a decirle como hacerlo.
Nuevo intento.
Pero puso un par de piezas al revés. Se cayó todo, como era de esperar.
Ahora sabe como armar un banco. Y sabe que lo puede convertir en hierro.
¿Y sus ganas de hacerlo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario