Y con tu piel dibujás, desdibujás mi aliento. Entre tus pies enredás mi tenura y desvanecés mis oídos con tus dedos. Así, tan fácil como te guardo entre mis pestañas y duermo dentro de tu ombligo, tan difícil va a desdoblarse mi cintura en el olvido.

jueves, 11 de octubre de 2012

Cuaje y censura.

Me encuentro con esta ciudad llena de ruidos, que guarda el calor del movimiento y la luz del día para tapar el vapor del frío que guardan los edificios desde siempre.
Y escucho la censura que va de boca en boca. Censura de la mente hacia las deidades del cuerpo; censura de los placeres del cuerpo hacia los de la mente.
Ahí es cuando golpeo esos vidrios y siento tu piel entre mi ropa, busco tu andar bajo mis pies y en tus manos descubro eso que no se ve desde afuera, eso que entra en mi ser buscándome y se alterna entre nosotros, hasta que logra arrancarnos de nuestros cuerpos y nos deja correr. 
Correr, sangrar y reír meciéndonos al son de nuestras propias respiraciones.
Y luego censurarnos. Censurarnos en silencio pero dejando a los ojos gritar y llorar.

viernes, 13 de julio de 2012

No se si me estoy obligando o qué, pero también siento que hace mucho que no llego a mi centro. 
Quizás tuvimos algunos pequeños contactos, pero hemos perdido tanto la comunicación que ya nos siento personas diferentes.
Y yo hablo tanto de auto conocimiento... Quizás ya me conocí del todo, y no hay más.
Festejan mis jugos intestinales este pensamiento. 
Qué les pasa? Imbéciles.
Y todavía no sé si dedicarme este escrito a mí, a la vida o a ustedes, o quizás a ellos.
Aquellos que me acompañan todo el tiempo. Me suben, me bajan, me sonríen y me lloran. Wuju, si yo los adoro. 
Y de nuevo pienso en los ciclos.
Ay, ciclos, ciclos, ciclos. Que tipos que nos joden la vida. Lo peor es buscarlos, o encontrarlos, no sé.
Pero todo se repite. Se cicla, jó. Y todavía me encuentro buscando el nuestro. Ay, espero que se tarde. O que no lo encuentre.
Y lo peor es que tengo conexiones con mi alma. Pero no me dice nada. Me hace saber que está ahí, me saluda, que mina. Que mina que quizás ni existe, pero que extraño tanto.
Lo peor es que cuando pienso más y tengo mejor analizado el recurso, menos "Big Ideas" tengo.
Que canción que me revuelve mis jugos queridos. Ven?, con esa mi alma me saluda. Loca del orto.
Y lo que menos me gusta de la computadora es que no puedo tachar ni hacer dibujitos por los costados.
Me cansa esto, chau. Es más, me aburre.

viernes, 18 de mayo de 2012

Es como tragarte la gracia porque el simple hecho de sonreír te da frío en los dientes.

jueves, 1 de marzo de 2012

Sand river - Río de arena

Me acerqué a aquella pared que me sonaba conocida, pero había algo que no cuadraba.
Recordé que antes había un espejo.
A medida que me acercaba, me iba atacando la necesidad de atravesarla. Además de una extraña sensación de encierro y sabor a poco.
Blanca, pura. Se enterraba en la abundante arena, parecía profundo.
Las sensaciones que esta causaba se tornaban cada vez mas extrañas.
Me encontré con la necesidad de golpear, como si hubiera alguien dentro.
Al hacerlo, se oyó como algo se hacía añicos. Pero no había pasado nada.
Bah, la pintura comenzó a trizarse. y desde las grietas escapaban largas enredaderas, desesperadas. Parecían no haber respirado por un largo tiempo.
Me vi correr junto con la pared, sin encontrar su fin, y a la vez esta crecía y me amenazaba. Hasta que se cerro sobre mi, no sé cómo ni cuándo, pero los caminos comenzaron a desaparecer, y las salidas eran cada vez mas lejanas. Las enredaderas se arrastraban por debajo de mis pies, haciendo que yo misma echara raíces en este desierto suelo. Intente trepar, piedra por piedra, pero a medida que subía la maldita pared lo hacía también.
Mi último intento desesperado consistió en cavar muy profundo hasta encontrar su fin. Que causa tan  perdida. La pared y el desierto eran uno solo. Me quedé en mi pozo recién engendrado, para sentir el calor y el frío que atravesaban esos lejanos lugares.
El agua llegó sin ser esperada, rompió contra la arena como si fuera la playa, la atacó por debajo y por arriba. Comenzó una batalla entre mar y arena en la que yo no tenía ni voz ni voto. Lo único que pude hacer fue enfrentarme a esos golpes de diferentes temperaturas y texturas. Por fin estas plantas hicieron lo suyo, convirtiéndome en ellas, para quedar siempre en el limbo de la guerra de mar y arena.