Y con tu piel dibujás, desdibujás mi aliento. Entre tus pies enredás mi tenura y desvanecés mis oídos con tus dedos. Así, tan fácil como te guardo entre mis pestañas y duermo dentro de tu ombligo, tan difícil va a desdoblarse mi cintura en el olvido.

jueves, 11 de octubre de 2012

Cuaje y censura.

Me encuentro con esta ciudad llena de ruidos, que guarda el calor del movimiento y la luz del día para tapar el vapor del frío que guardan los edificios desde siempre.
Y escucho la censura que va de boca en boca. Censura de la mente hacia las deidades del cuerpo; censura de los placeres del cuerpo hacia los de la mente.
Ahí es cuando golpeo esos vidrios y siento tu piel entre mi ropa, busco tu andar bajo mis pies y en tus manos descubro eso que no se ve desde afuera, eso que entra en mi ser buscándome y se alterna entre nosotros, hasta que logra arrancarnos de nuestros cuerpos y nos deja correr. 
Correr, sangrar y reír meciéndonos al son de nuestras propias respiraciones.
Y luego censurarnos. Censurarnos en silencio pero dejando a los ojos gritar y llorar.

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