Y escucho la censura que va de boca en boca. Censura de la mente hacia las deidades del cuerpo; censura de los placeres del cuerpo hacia los de la mente.
Ahí es cuando golpeo esos vidrios y siento tu piel entre mi ropa, busco tu andar bajo mis pies y en tus manos descubro eso que no se ve desde afuera, eso que entra en mi ser buscándome y se alterna entre nosotros, hasta que logra arrancarnos de nuestros cuerpos y nos deja correr.
Correr, sangrar y reír meciéndonos al son de nuestras propias respiraciones.
Y luego censurarnos. Censurarnos en silencio pero dejando a los ojos gritar y llorar.