Y con tu piel dibujás, desdibujás mi aliento. Entre tus pies enredás mi tenura y desvanecés mis oídos con tus dedos. Así, tan fácil como te guardo entre mis pestañas y duermo dentro de tu ombligo, tan difícil va a desdoblarse mi cintura en el olvido.

domingo, 18 de abril de 2010

Us

Esa mierda que nos llena más que la propia carne. ¿De qué estamos hechos, más que de nuestras acciones, lo que somos? ¿Tán difícil es seguir una línea, aunque sea impuesta por nuestros gustos? En el momento en que ésta se disipa minimamente, todo se va al carajo. Y nosotros mismos lo buscamos, creamos nuestros problemas, con mentiras, con verdades. Al parecer simplemente QUEREMOS un pasado turbio. Nos gusta herirnos, llorar por ello y luego dañar a lo demás. Porque al parecer la felicidad aburre, es una de esas terribles verdades.
¿En qué momento dejaron de interesarnos aquellas cosas simples? Desde entonces nos vestimos de complicaciones, enrosacándonos en lo doloroso. Simplemente porque queríamos.
Alguna vez fue puro y llenador el simple hecho de sentir el sol, estando sentado en la vereda; andar en bicicleta hasta sentirte volar; correr hasta la meta hasta, sin importar que tan cansado estabas; reír de lo que sea hasta no respirar; comer hasta sentirte explotar, sin importar las calorías; revolcarte en el barro con tu remera favorita; dormir en donde sea, sin importar cuanto moleste; ser feliz viendo a los demás serlo... podría escribirse un libro con respecto a las hermosas cosas simples y perfectas de la vida. Condenada edad, que nos obliga a querer, creer cosas jamás antes imaginadas.
Todas las cosas dichas y escritas adquieren otro significado, y todo se confunde.
Remolinos que nos revuelven el estómago, llenos de todo.
Nos protegimos tanto de los demás que nos lastimamos a nosotros mismos.
Marcas en nuestro ceño que se hacen definitivas de ver ante nosotros nuestra imagen en el espejo.
Todas las manchas en los ojos, cansados de tanto llorar.
El peso de las mentiras sobre nuestra espalda nos curva y luego nos tira al suelo.
Manos heridas, hartas de ayudarnos a levantarnos una y otra vez, sin nada seguro sore lo que apoyarnos.
Nada de esto curará con el tiempo, simplemente nos dejará con ganas de más.
La suave pureza y perfección de la inocencia se nos perdió, solo algunos suertudos la conservan. ¿Qué NOS hicimos?

3 comentarios: