¿En qué momento dejaron de interesarnos aquellas cosas simples? Desde entonces nos vestimos de complicaciones, enrosacándonos en lo doloroso. Simplemente porque queríamos.
Alguna vez fue puro y llenador el simple hecho de sentir el sol, estando sentado en la vereda; andar en bicicleta hasta sentirte volar; correr hasta la meta hasta, sin importar que tan cansado estabas; reír de lo que sea hasta no respirar; comer hasta sentirte explotar, sin importar las calorías; revolcarte en el barro con tu remera favorita; dormir en donde sea, sin importar cuanto moleste; ser feliz viendo a los demás serlo... podría escribirse un libro con respecto a las hermosas cosas simples y perfectas de la vida. Condenada edad, que nos obliga a querer, creer cosas jamás antes imaginadas.
Todas las cosas dichas y escritas adquieren otro significado, y todo se confunde.
Remolinos que nos revuelven el estómago, llenos de todo.
Nos protegimos tanto de los demás que nos lastimamos a nosotros mismos.
Marcas en nuestro ceño que se hacen definitivas de ver ante nosotros nuestra imagen en el espejo.
Todas las manchas en los ojos, cansados de tanto llorar.
El peso de las mentiras sobre nuestra espalda nos curva y luego nos tira al suelo.
Manos heridas, hartas de ayudarnos a levantarnos una y otra vez, sin nada seguro sore lo que apoyarnos.
Nada de esto curará con el tiempo, simplemente nos dejará con ganas de más.
La suave pureza y perfección de la inocencia se nos perdió, solo algunos suertudos la conservan.
Love it.
ResponderEliminarmañana tendremos una laaaaaaaaaaaaaaaaaarga charla.
ResponderEliminarES LO MEJOR QUE HE LEIDO todo es verdad, como duele querer ser feliz
ResponderEliminar