Sentada en mi silla, escribo con agonía.
Un demonio, un demonio menor.
Me jode la cabeza.
- Abraxas, dice. Soy abraxas,
el demonio de la mentira, el orgullo y el engaño.
- ¿Qué quieres?- Saber acerca de la mentira.
- No soy una mentirosa
Esta vez estoy agotada, me oigo gritar.
- Todos somos unos mentirosos. Míralas, como se acarician íntimamente, se huyen las miradas. Decoran sus historias con demasiados detalles. Ella está a punto de soltarle a su amante un millon de mentiras sedantes.
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