Y con tu piel dibujás, desdibujás mi aliento. Entre tus pies enredás mi tenura y desvanecés mis oídos con tus dedos. Así, tan fácil como te guardo entre mis pestañas y duermo dentro de tu ombligo, tan difícil va a desdoblarse mi cintura en el olvido.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Stupid Hole.

Tonta, ella.
Ella, que caminaba por un bosque coloreado.
Ella, que apreciaba los colores, pero creía que no los merecía.
Tal era su envolvimiento en esa creencia, que dejó de mirarlos.
Dejó de mirarlos, su alma se quedó sin sustento.
Ella, que siempre tuvo el camino marcado, se dejó llevar por las voces agudas que la llamaban del bosque.
Vio aquellos nuevos colores, que la confundían tanto que deseaba que le gustaran.
Ella, que enfrascada en su deseo lo consiguió.
Se desvió tanto del camino con los ojos tan cerrados. 
Ella, que antes tenía unos ojos tan despiertos.
Tan pequeña se había vuelto, que al ver alrededor, pensó que caminaba sobre seguro.
Ella, que caminaba sobre un puente de asfalto.
Ella, feliz de haber sobrevivido sin aquellos colores ya muy lejanos, no lo notó.
Lo que no se notaba era que ese asfalto frío que acumulaba el calor del día, era mas fino que su piel.
Ella, que no vio que bajo ella en realidad corría un río sin destino.
Ella, creyéndose más fuerte comenzó a comprar herramientas.
Herramientas que servían para forjar objetos, que la ayudaban a avanzar sobre esos nuevos colores grises.
Ella, tonta, se creyó la dueña del asfalto entero. 
Cerca estaban los demás. Esos que la hicieron sonreír mientras le apuñalaban las espaldas.
Esas que se rieron como brujas al verla caer en el encanto de "andar en bicicleta sobre un puente seguro"
Esas que se rieron al verla caer profundo.
Sí, cayó profundo. Un día se cansó de avanzar y paró a tomar aire.
Ese agujero la llamaba con hambre, mientras le sonreía.
Y sí, cayó.
Y sí, rieron.

A Forest Means Nothing Without It´s Own Sunshine.

Sí, aquí puedes estar. Podrías...
Disfrutar del paisaje, sentir al olor a lluvia reciente.
Esconderte bajo la sombra de aquellos árboles demasiado cercanos entre sí.
Necesitar de una pala para encontrar aquellas piedras brillantes y fuertes.
Apreciar el sabor amargo y glacial del cielo.
Derretir y convertir en vida todo lo que toques.
Ayudar al agua, escondida por tanto tiempo, a encontrar su camino.
Dormir con el repiqueteo de las campanas resonando en tu cabeza.
Soñar con las voces de los cuerpos que salen de sus cuevas para ver la luz del día.
Alimentarte de los frutos rojos que cubren el suelo, saboreando lo ácido de su piel.
Sorprenderte al notar que todo esto se realiza solo, éste lugar únicamente necesita que respires.

Sí, sol, aquí puedes estar. Podrías iluminar las piedras que se han quedado ya sin brillo ni alma.
Sí, sol, aquí puedes estar. Aquí quiere mi sangre que estés.

Aquí, donde todo comienza a crecer nuevamente.