Y como si nada, de repente sobre la conversación caminaba.
Se mecía entre las palabras, haciéndose recordar.
¿Por cuánto tiempo había estado olvidado?
Pero apagar el hermoso brillo de las letras no le saciaba.
Entró por mi boca y sacudió mi garganta hasta encontrar un preciado lugar allí.
Jugueteó con mis cuerdas vocales, estrangulándolas.
Se cansaron sus débiles manos, y cayó.
A mi estómago. Entonces fue cuando se dedicó a nadar.
Pero su piel irregular y áspera raspaba. Creo que si seguía así íbamos a sangrar.
Tanto eso como yo.
Con brillo transparente se sentó sobre mi cabeza, y daba volteretas.
Entre ello, cavó y cavó a mi alrededor.
"No sé si alguna vez has sentido que estás parado sobre nada" - dijo alguna de las voces en mi cabeza.
Las paredes enloquecieron y se cernieron sobre mí.
En realidad todo estaba en calma. Pero el mar en mi cabeza había desbordado.
Quise hablar, y gritar todo lo que no había cantado durante demasiado tiempo.
Pero el reloj dijo que ya no quedaban minutos.
Salí por la puerta y todo se tranquilizó.
¿Estaba asegurado que esto era inseguro?

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