Siempre corrí mirando todas las trampas del camino, sin permitirme dejarme llevar por la tentación de los caminos inexplorados y tan peligrosos. Segunda vez que caigo en un pozo. Siempre escapé de las rosas, aquellas que son perfectas y lastiman; aferrandome a las margaritas, que para algunos son hermosas, pero al parecer mis ojos no son capaces de apreciarlas. Pero, volviendo a las rosas... como duele, corazón, tenerte y a la vez escapar de vos, de tus hirientes mañas que rasgan mi piel. Estuve arriba, bien arriba, donde nada podía tocarme, pero no accidentalmente, todas mis intenciones me hicieron bajar. Digamos que es más diertido. ¿Sabes? Podríamos tenerlo todo. Leyendo entre líneas quiero imaginar que también tu lengua guardó sabor a poco. Pero aún existe algo de razón en mi cabeza, aunque la locura escapo de sus cadenas e invadió todo mi cuerpo, algo de lógica queda, pues todavía las hadas son para mí parte de mi alterna vida nocturna unicamente.

Corriendo hacia una habitación que creía vacía, ahora noto que la alfombra gurada mis mas profundos deseos, tentaciones, sensaciones. Las almas de las que escapaba se vuelven grises mientras que, dentro de la habitacion, deidades tiñen de colores los objetos que adornan la habitacion, haciendolos danzar al compas de la jazz que emiten las paredes.
Mi nueva rosa me acaricia los tobillos, y lo sano queda detrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario